CORAZÓN MANCHADO
Capítulo 5
Arianna cogió con muchísimo cuidado el contenido de las pequeñas cajitas.
Capítulo 5
Arianna cogió con muchísimo cuidado el contenido de las pequeñas cajitas.
- Parece un mapa.
Indica como llegar a una especie de… ¿puerta? -
- Pues sí, será
una especie de… puerta… y… ¡a lo mejor simboliza un tesoro o algo! – Dijo Jean
extrañado y sorprendido a la vez.
Amanda le pidió
el mapa a Arianna y lo contempló atónita. Ésta preguntó:
- ¿Pone desde
donde hay que empezar a buscar el… tesoro? –
- Pues… creo que
esto que hay dibujado aquí son dos pinos. Y al lado de los pinos hay… ¿¿un
engranaje?? – Le respondió Arianna.
- A ver chicas,
¿dónde hay dos pinos junto a algo relacionado con engranajes? -
- Fuera del campus hay un taller de coches. –
Murmuró Amanda
- ¡Eso es! Yo y
mi madre fuimos un día y nos lavaron el coche en una en la que habían dos
pinos. – Exclama Jean con un agradable acento francés.
- ¿Vamos después de clase allí para examinar el terreno y esas cosas? – Propuso Amanda.
- ¡Vale! – Dijeron Arianna y Jean a la vez .
- Jean… tendremos que cancelar la cita entonces… - Observó Arianna.
Amanda observaba
el momento atenta a ver lo que pasaba.
- No importa,
quedaremos pronto, ¿vale? – La tranquilizó Jean.
Las chicas se
despidieron de Jean con un beso a las dos de parte del mismo.
Las chicas se despertaron, lavaron, peinaron, y vistieron para ir a las clases.
A Amanda le tocaba Física, mientras que a Arianna le tocaba Literatura. Las
chicas a penas se encontraron en los pasillos un par de veces en los recesos de
5 minutos.
Al terminar las
clases en la universidad de Kingerland las chicas se encontaron con Jean en la
entrada de la universidad. Había un chico gritando fuertemente “LOS ELEFANTES
PRONTO EMPEZARÁN A CONQUISTARNOS, CUIDESE DE ELLOS CONTRATANDO NUESTRO SEGURO
DE VIDA”. Los chicos se rieron disimuladamente y siguieron su camino.
El taller de
coches estaba en una rotonda, accesible mediante un paso de cebra frágilmente
pintado. Los chicos iban a entrar en la rotonda cuando Amanda exclamó
fuertemente:
- ¡Ay! De repente
me duele muchísimo la barriga… -Chilló Amanda
- No pasa nada,
ahora se te pasará. – La tranquilizó Arianna.
Jean las miró sorprendido y añadió:
- Chicas, debería habéroslo dicho antes pero, veréis, cuando yo era muy pequeño mi abuelo me contó una historia sobre este lugar. Él me dijo que esta rotonda tenía echada una maldición que impedía el paso a cualquier persona de pies calzados. Mi familia cada vez que veníamos se quitaban los zapatos, no sé por qué será. -
- Jolín, buena objeción. Ya haremos preguntas cuando estemos allí dentro. Descalzaros que si no... - Dijo Arianna.
Los tres jóvenes se quitaron los zapatos y los pusieron en una mochila que había traído Amanda. Todos dieron un paso a la vez y esperaron unos segundos para ver si había alguna reacción. Como vieron que todo seguía igual, Amanda, Arianna y Jean caminaron hacia la caseta donde un viejo señor con barba negra azabache estaba sentado en una sillita demasiado pequeña para él. Amanda descubrió que su dolor de barriga había desaparecido, así que se aproximó al señor y le preguntó:
- Hola, perdone. Mis amigos y yo hemos venido porque hemos encontrado una especie de mapa en nuestra habitación y queremos saber si usted sabe lo que significa. -
- Hola, encantado. Me llamo Rob. - Tomó el mapa en sus manos y lo contempló. - Bueno... Este mapa no lo he visto nunca, no me suena de nada... Iros ahora... ¡¡Y NO VOLVÁIS!!
Jean las miró sorprendido y añadió:
- Chicas, debería habéroslo dicho antes pero, veréis, cuando yo era muy pequeño mi abuelo me contó una historia sobre este lugar. Él me dijo que esta rotonda tenía echada una maldición que impedía el paso a cualquier persona de pies calzados. Mi familia cada vez que veníamos se quitaban los zapatos, no sé por qué será. -
- Jolín, buena objeción. Ya haremos preguntas cuando estemos allí dentro. Descalzaros que si no... - Dijo Arianna.
Los tres jóvenes se quitaron los zapatos y los pusieron en una mochila que había traído Amanda. Todos dieron un paso a la vez y esperaron unos segundos para ver si había alguna reacción. Como vieron que todo seguía igual, Amanda, Arianna y Jean caminaron hacia la caseta donde un viejo señor con barba negra azabache estaba sentado en una sillita demasiado pequeña para él. Amanda descubrió que su dolor de barriga había desaparecido, así que se aproximó al señor y le preguntó:
- Hola, perdone. Mis amigos y yo hemos venido porque hemos encontrado una especie de mapa en nuestra habitación y queremos saber si usted sabe lo que significa. -
- Hola, encantado. Me llamo Rob. - Tomó el mapa en sus manos y lo contempló. - Bueno... Este mapa no lo he visto nunca, no me suena de nada... Iros ahora... ¡¡Y NO VOLVÁIS!!
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